Hace algunos meses, una exposición de joyería contemporánea que tuvo lugar en su sede de Jean Jaures dio a los responsables de la Facultad de Diseño de la Universidad de Palermo la idea de crear una carrera universitaria, inexistente hasta ahora en el país: la de Diseñador de Joyería Contemporánea.
Hace pocos días, el 12 de marzo, se abrió esta carrera al público.
La convocatoria al lanzamiento de la carrera, sin embargo, era para mayo. La del 12 de marzo nos invitaba a conocer las nuevas tendencias en el mundo del diseño de joyas, aunque, es cierto, en el marco de la nueva carrera, e iba a estar a cargo de Homero Pereyra Inchausti.
La charla fue una introducción a los presentes a la parte de diseño de la nueva carrera, área a la que Pereyra Inchausti fue convocado a hacerse cargo. El resto de los aspectos del plan de estudios permanecen, también para él, en total obscuridad. El esquema propone materias tales como lenguaje visual, joyas de autor, introducción a la investigación, taller de reflexión artística, pero nada de eso nos fue desarrollado, ni ninguna de las preguntas de los asistentes al respecto pudieron ser solventadas.
La posición de Pereyra Inchausti fue muy terminante con respecto a ciertos conceptos: según él, la joya, para ser tal, debe tener por lo menos uno de estos componentes: un metal precioso -sólo lo son el oro y el platino- o una piedra preciosa -sólo lo son el diamante, el rubí, zafiro o esmeralda-, además de diseño y factura impecable; los movimientos de diseño de joyería desaparecieron luego del art nouveau, el art decò y los años cuarenta debido a la industrialización de la joyería. Los movimientos de joyería experimental surgidos a partir de los años 60 fueron absolutamente ignorados en su exposición, no se sabe claramente si por desconocimiento o porque no le parecen relevantes en ningún sentido.
El resto de la exposición se centró en la actividad del joyero, sorteó preguntas con anécdotas personales, y probablemente haya servido a personas sin ningún contacto previo con el tema (a quienes, por otra parte, él se estaba dirigiendo, convencido de que éramos todos futuros alumnos que comenzaríamos las clases el martes siguiente.
Si alguien tuvo la expectativa de conocer las nuevas tendencias, o de participar de la apertura de un nuevo espacio abierto a la teorización sobre la joyería contemporánea, no tardó mucho en decepcionarse.
Tal vez no haya lugar más indicado para reflexionar sobre nuestra práctica que el ámbito universitario. Tal vez todavía quede espacio para conservar la ilusión de que la tan esperada creación de la carrera en una Universidad (aunque sea privada, aunque tengamos que anestesiar la espontánea sospecha de la importancia prioritaria del fin lucrativo) no se resuma al mezquino objetivo de otorgar cartones formando artesanos o diseñadores en superposición a otros espacios que ya lo hacen, y se eche al hombro el desafío de llevar adelante el duro trabajo de fomentar el pensamiento desde la historia, la filosofía, el arte, las tendencias internacionales, las culturas locales. Para eso, la plataforma inicial tendría que ser infinitamente más elaborada. Y la convocatoria docente, sí o sí, mucho más amplia.
Queda esperar, y ver. Ojalá no sea un desperdicio.










julio 11th, 2008 → 03:16
[...] ¿Es así? Entonces… ¿Todo lo que no es joyería tradicional es joyería contemporánea (suponiendo que sabemos de qué hablamos también en este caso, suponiendo que la joyería tradicional es aquella que resulta de aquello que la joya, para ser tal, debe tener por lo menos uno de estos componentes: un metal precioso – oro o p…)? [...]